Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista.(Hechos 9:11-12).
En esta lectura continuamos con la narración de aquel suceso crucial en la vida del apóstol Pablo, antes llamado Saulo. Aquel discípulo llamado Ananías, en un principio dudó en cumplir el mandato del Señor, ya que recordaba la fama de Saulo como perseguidor de la iglesia (Hechos 8:1-3).
El Señor Jesucristo estaba haciendo un cambio radical en la vida de Saulo, esto incluía un cambio en sus labores, por lo cual era necesario que se cumpliese la visión que Dios le había mostrado, así que, Él señor le dice al discípulo Ananías: ”… ve, por qué instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre” (v. 15, 16).
La conversión de Pablo sonaba increíble, y a la vez riesgosa para los que servirían de instrumentos en esta misión. El Señor nunca carece de recursos para ejecutar sus planes, y no hay ni habrá cosa que impida su voluntad, en este caso era la salvación y reclutamiento de Pablo (2 Timoteo 2:4).
Recordemos también lo que dice Romanos 8:28 “… a los que conforme a Su propósito son llamados”, definitivamente el Señor Jesús ya había predestinado al apóstol Pablo desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4), al igual que a nosotros, esta verdad debería darle el sentido a nuestra vida, y también motivarnos a poner por obra lo que el Señor nos ordena, probablemente no oigamos su voz, ni se nos revele como al apóstol, pero Él Señor es justo y nos dejó su Santa Palabra, que es la Palabra Profética más segura (2 Pedro 1:19).
Por ello es necesario que la leamos a diario y apliquemos en nuestra vida.